Mi segundo embarazo y parto

Y llegué a este mundo

 

ESPERANDO A JULIA

Teníamos claro que no queríamos que Aitana fuera hija única porque ambos lo somos, así que nos pusimos manos a la obra♥.

Mi segundo embarazo ha sido un poco más complicado. Nada grave, por lo que estoy muy agradecida, pero sí más pesado, lo he vivido con un poquito de ansiedad, sobre todo en el tercer trimestre.

En el primer embarazo tuve las típicas náuseas que desaparecieron a los 3 meses. Durante el resto del periodo de gestación, todo fue bien. Disfruté de mi barriga, veía como iba creciendo. Recuerdo las primeras patadas. Una sensación increíble, algo que no te puedes imaginar hasta que lo vives de primera mano.

El parto tuvo lugar en un hospital privado que me recomendó mi ginecóloga, que también me asistió en el parto. No fue un mal parto, pero no fue como esperaba. Llegué dilatada de un 1cm y me dijeron que me quedara. Rápidamente me dieron habitación y me facilitaron un enema. Al poco, me bajaron directamente a la sala de dilatación.

Mi idea de la sala era otra. Una sala con pelota de Pilates, amplia, con espacio para moverme y hacer más llevadero el dolor de las contracciones.

En cambio me metieron en una habitación enana, con una silla para mi chico y nada más. Sin otra opción que estar tumbada, el dolor fue a más rápidamente y pedí la epidural al poco de llegar. Anteriormente, me habían roto la bolsa y me habían puesto oxitocina para acelerar el parto. Estuve unas 4 horas allí y me pasaron al paritorio.

De nuevo, todo rápido. Me practicaron la maniobra de Kristeller sin preguntarme si estaba de acuerdo y me hicieron episiotomía.  Para los que no conocéis esta maniobra, consiste en empujar con los puños o el antebrazo la parte superior del útero coincidiendo con la contracción y el empuje de la madre.

Es una practica que la OMS considera poco segura y no recomendada. Incluso, la considera anticuada y algo arriesgada, ya que una maniobra mal hecha podría provocar graves problemas como el desprendimiento de la placenta y ruptura uterina, o bien, fracturas en el bebé. Esto no lo sabía cuando di a luz, lo supe después.

Y llegó mi segundo embarazo. 9 meses de nauseas, y un diagnóstico de diabetes gestacional acompañado de dieta estricta e insulina. Tengo claro que si no llega a ser por la diabetes, no habría hecho dieta. Y la necesitaba, o más bien, necesitaba comer de forma saludable. No hay mal que por bien no venga, como suelen decir.

Para mí fue duro porque no lo esperaba. Porque me entró miedo. Porque me dijeron que podría ser cesárea y yo tenía una ilusión tremenda por vivir un parto diferente. Para más inri, me diagnosticaron en el séptimo mes un posible hiperparatiroidismo que me están controlando para ver cómo voy evolucionando.

Ambas noticias se tradujeron en ansiedad y enfado, estaba contrariada. Pero bueno, al final todo pasa, y llegó el gran día. Julia decidió que quería nacer antes, que no iba a esperar hasta que saliera de cuentas.

Vivo en Madrid, me había informado de los protocolos de los diferentes hospitales y elegí el ‘Hospital de Torrejón de Ardoz’ para llevar el embarazo a partir del segundo trimestre y dar a luz allí.

El motivo: su programa de parto respetado.  

Rompí aguas en casa. Aitana ya estaba acostada. Avisamos a los abuelos para que vinieran a quedarse con ella, y mi chico y yo nos fuimos al hospital. Cuando me vio la matrona, me dijo que efectivamente había roto aguas pero no estaba de parto, y que me quedaba en el hospital a pasar la noche.

Cuando llegué no tenía apenas contracciones. Me dieron la habitación y me dijeron que ya me verían por la mañana. Al poco, las contracciones fueron a más. De hecho, eran constantes y repetitivas, cada 2-3 minutos y yo me retorcía de dolor. Decidieron que era mejor bajarme al paritorio y ponerme la epidural.

Que conste que yo venía mentalizada a combinar la walking epidural y el gas Entonox para  no relantizar el parto y porque sabía que no se notaban igual los pujos. Pero me dolía mucho y me recomendaron que me pusiera la epidural directamente. Eso sí, es algo más suave que en otros hospitales.

Por delante tenía un parto previsiblemente largo, porque con la epidural generalmente se dilata más lento y yo solo estaba de 2-3 cm cuando me la pusieron.

En todo momento sólo me atendieron matronas, primero la del turno de noche, y luego la del turno de día. Estuve 12 horas en el paritorio. Fue largo, lo viví con intensidad.

Cuando por la mañana me dijeron que había llegado el momento, que ya había dilatado los 10cm, llegó la matrona y me dijo que era hora de empezar a empujar. Poco a poco, con calma, con ratos de descanso. Que fuera Julia quien saliera a su ritmo. Al cabo de algo menos de una hora, llegó el momento esperado.

La matrona me colocó un espejo para que pudiera ver cómo salía. Indescriptible, maravilloso, no tengo palabras. Ella me iba guiando, mi chico a mi lado. Bueno, a mi lado y viendo también como Julia se asomaba al mundo después de 9 meses calentita dentro de mamá. Salió del todo y me la dieron rápidamente.

Me emocioné de una forma diferente a cuando nació Aitana, me sentí afortunada. Uno de los momentos más importante de mi vida.

Papá cortó el cordón cuando dejó de latir. No hubo episiotomia. El personal del hospital no me ofreció leche de fórmula para que Julia no llorara. Tuve la suerte de que la lactancia fue bien desde el principio. Sobre todo porque ya sabía de qué iba la cosa a pesar de que no me ayudaran en el hospital cuando nació Aitana.

¡Gracias a mi chico, mi familia, mi pequeña Aitana y Julia por hacerme tan feliz y un poquito mejor persona, sobre todo ellas, mis pequeñas!

 

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